4 de la tarde, me picó la tierra en los ojos y me obligó a levantarme, cosa que no había logrado el paso del tren.
Me acosté en ese lugar a las 6 de la mañana, lo supe por la inclinación de la oscuridad, aún la claridad no llegaba al cielo y a la tierra. Escogí un espacio sin cactus, ni hormigueros, solo polvo… tierra fina que se pegó a mi rostro y a mi cuerpo en cuanto me puse mi pecho en la superficie.
Puse todo mi cuerpo boca abajo, menos la cara, los brazos pegados a los costados del pecho y los pies en punta. Lo importante era que mi oreja izquierda encontrará el latido de la tierra. En cuanto lo encontré cerré los ojos y fingí que dormía para que él siguiera latiendo y no se intimidara con mi presencia ajena.
Con los ojos aún cerrados, vi pasar camaleones, paquidermos, un rey mago, cuatro bañistas, un hombre de gabardina azul hasta las rodillas, dos caleidoscopios parlantes y una planta carnívora.
Cuando el tren se aproximó, pude distinguirlo porque a la tierra parecía darle un paro cardíaco o cuando menos una arritmia que parecía matarla. Ella se estremeció, me contó que durante 50 años todos los días a la misma hora- que no sabía yo cual era porque no traía reloj- había pasado el tren y todavía no se acostumbraba a esa irrupción de la paz que le daban los viajeros extraños que por ahí circundaban.
Me pidió un abrazo. Abrí los brazos para que se metiera dentro de ellos y lo hizo, nos quedamos así durante todo el paso del tren, hasta que por fin comenzó de nuevo a alejarse del lugar donde estábamos.
Llegó el momento de abrir los ojos, lo hice poco a poco, la claridad penetró en mis parpados y se instaló. Con la claridad la tierra y con la tierra la ceguera permanente y con eso mis ojos volvieron a cerrarse. La ceremonia de uno de los cuatro elementos terminó.
Desde entonces, vuelvo cada vez que necesito un abrazo por el paso del tren o cuando escucho su voz llamarme. Me desnudo, me acuesto en el lugar a las 6 de la mañana, lo se por la inclinación de la oscuridad.
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1 comentario:
sí, a ti te gustan los trenes y los abrazos, te gusta saber la hora, por la inclinación de la oscuridad.
Un beso, me gustó cantidad tu relato.
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