miércoles, 20 de febrero de 2008

Melié y Cora

Cora conoció a Melié cuando se estaba polveando el cuerpo porque siempre había querido cambiar de color.
Melié estaba escondida pues temía que su mamá se molestara con ella por su decisión de cambiar de color, fue por eso que cuando Cora la descubrió, Melié se sacudió tan fuerte por el miedo que todo su trabajo anterior fue en vano y volvió de nuevo a ser una anémona roja.
Luego del susto inicial, se saludaron y empezaron a platicarse cosas para entrar en confianza pues ese era su primer encuentro. Melié le contó que le gusta portarse bien para que su mamá no la regañe, le gusta comer dulces rosas chiclosos, siempre ha querido conocer la claridad de la superficie del mar, pero sobre todos sus deseos ella quiere ser una anémona azul y no roja.
Cora le contó que conoce un lugar donde viven “exiliadas” las anémonas que han decidido cambiar de color.
Hay anémonas adultas en la colonia que consideran adecuado que las conversas vivan exiliadas, sin embargo lo que no saben los de la colonia es que ellas son muy felices en el lugar donde viven.
Cambiar de color no es sencillo, las anémonas más viejas cuentan que ellas cambiaron sin ayuda , las más jóvenes todas requirieron ayuda de las más antiguas.
Melié quería saber como podía ser azul, Cora le contó la historia de Molliere , ella era color mostaza y quería ser rosa, el primer paso era beber un brebaje preparado por las ancianas, luego la anémona se recostaba sobre una cama de coral hasta que en lugar de ser ella misma y estar en el océano, la anémona comenzaba a viajar.
Durante el viaje además de la concentración de la anémona en trance, las demás ayudaban con pigmentos naturales que inyectaban directamente en los filamentos. Este proceso duraba alrededor de tres días en los que la anémona no volvía, cuando despertaban la mayoría recordaba claramente todo lo sucedido, pero también había quien sólo se daba cuenta que había cambiado de color en el proceso y entonces festejaban, bailaban y a ninguna le daba miedo saber que viviría “exiliada” por el resto de su vida.
Melié escuchó con mucha atención la historia de Cora, cuando terminó la narración los ojos de ambas eran enormes y estaban emocionadas, la historia les gusto a las dos.
Cora prometió a Melié que si se decidía a cambiarse el color, ella podría acompañarla hasta el lugar, sólo tendría que pensar bien si para ella valía la pena dejar todo atrás, volver a nacer, ser ella misma pero con un cambio irreversible.
Independientemente del cambio de color Cora y Melié prometieron seguirse frecuentando para conocerse y platicarse historias.

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